Salir del armario sigue siendo un tema delicado y peligroso en pleno siglo XXI. En muchos países sigue siendo delito e incluso pena de muerte vivir abiertamente tu orientación sexual. Lo más actual es lo sucedido en Turquía y Colombia.
Pero el terror sigue en países donde se reconocen los derechos LGTBIQ+ . Por ejemplo, existen las mal llamadas terapias de conversión que están siendo financiados por la ultraderecha. Al mismo tiempo, se escuchan discursos de odio por todos los medios de comunicación y redes sociales por lo que los ataques a gente del colectivo se suceden día tras día.
Hay que recodar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) retiró oficialmente la homosexualidad de la clasificación internacional de enfermedades psiquiátricas el 17 de mayo de 1990, fecha que hoy se conmemora contra la LGTBifobia.
Incluso hasta hace poco los personajes dentro del cine y de la televisión eran todos iguales, secundarios, promiscuos y casi todas las historias acababan en tragedia.
Paralelamente, en el mundo del deporte aún no se acepta. Siendo un escándalo o incluso perdiendo sponsors por ser quien eres.
En el pasado, solía esconderme por miedo, no mostraba cariño a mi pareja en la calle por evitar miradas y cuchicheos. A veces cuando te “declaras” lesbiana tienes que escuchar que si te gustan todas las mujeres o que si probaras varón te volverías hetero y un largo etcétera.
Yo he tenido alguna mala experiencia debido a mi orientación sexual pero, por suerte, he crecido en un ambiente de aceptación y amor. Mi familia y amigos siempre me han apoyado. No tod@s tenemos esa suerte por eso sigue siendo necesario reivindicar nuestra voz y nuestro lugar en el mundo. Actualmente, estoy felizmente casada.
El amor no tiene género. El amor es libre. Ama a quien quieras.